sábado, 2 de enero de 2010

De Micaela Bastidas a José Gabriel Túpac Amaru


Chepe mío; tu me has de acabar de pesadumbre, pues andas muy despacio paseándote por los pueblos, y más en Yauri, tardándote dos días con grande descuido, pues los soldados tienen razón de aburrirse e irse cada uno a sus pueblos. Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto, pues yo misma soy capaz de entregarme a los enemigos para que me quiten la vida, por que veo el poco anhelo con que ves este asunto tan grave que corre con detrimento de la vida de todos, y estamos en medio de los enemigos que no tenemos ahora segura la vida; y por tu causa están a pique de peligrar todos mis hijos, y los demás de nuestra parte. Harto te he encargado que no te demores en esos pueblos donde no hay que hacer cosa ninguna; pero tu te ocupas en pasear sin traer a consideración que los soldados carecen de mantenimiento, aunque se les dé plata, y está que ya se acabará al mejor tiempo; y entonces se retirarán todos, dejándonos desamparados, para que paguemos con nuestras vidas; por que ellos (como habrás reconocido) solo van al interés y a sacarnos los ojos de la cara; y más ahora que los soldados se van retirando, con la vos que Vargas y Oré habían esparcido que los de Lampa unidos con otras provincias y Arequipa, te van a cercar, y se han amilanado, procurando remontarse temerosos del castigo que les pudiera sobrevenir; y se perderá tosa la gente que tengo prevenida para la bajada al Cuzco, y éste se unirá con los soldados de Lima que ya tienen muchos días de camino.

Todo esto te lo prevengo, como que me duele; pero si tú quieres nuestra ruina, puedes quedarte solo por las calles del pueblo de Yauri, hasta que llegaste al extremo de subir a la torre, cuando en ti no cabía pasar a estos excesos en la estación del presente; pues estas acciones no correspondían a ti honor, sino a difamarte y que hagas poco concepto de tu persona.

Yo creí que de día y de noche estuvieses entendiendo en disponer estos asuntos, y no tanto descuido que me quita la vida, que ni aún ya tengo carnes ni estoy en mí, y así te pido adelantes este particular.

Tú me ofreciste cumplir tu palabra, pero desde ahora no he de dar crédito a tus ofrecimientos, pues me has faltado a tu palabra.

Yo no siento perder mi vid, sino la de esta pobre familia que necesita todo auxilio; y así, si vieniesen los de Paruro, como te insinué en mi anterior carta. Estoy pronta a caminar con la gente dejando a Fernando en un lugar destinado, pues los indios no son capaces de moverse en este tiempo de tantas amenazas.

Bastantes advertencias te dí para que inmediatamente fueses al Cuzco, pero has dado todo a la barata, dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho, poniendo cañones en el cerro de Piccho y otras tramoyas tan peligrosas, que ya no eres sujeto de darles avance; y a Dios que te guarde muchos años.

Tungasuca y Diciembre 6 de 1780.

También te hago presente como los indios de Quispicanchi, ya se hallan rendidos y aburridos con tanto tiempo de servir de guardias; en fin Dios querrá que padezca por mis pecados. Es tu esposa Después de concluida ésta he tenido propio, que me da noticia cierta que los de Paruro está en Acos; y así voy a caminar aunque sepa perder la vida.

Una familia creyente, que - nadie lo dude - sería de mucha complacencia para Monseñor Cipriani, nadie podría y no debería jamás imaginar que su eminencia la condenaría a… separarse.

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